13 de abril de 2012

Normalmente escribo en clave de humor, pero hoy va a ser distinto (obviamente culpo al tiempo). En Granada está lloviendo y qué mejor ocasión para estudiar en el brasero con un buen té, o dos, o tres. Estoy escribiendo la memoria final de mis prácticas de carrera, que las he realizado estos pasados seis meses en un centro de ex-alcohólicos junto con una psicóloga excepcional. He pensado que en lugar de escribir algún relato corto, hoy os voy a regalar la introducción de lo que va a ser mi trabajo final.El alcoholismo es un problema real que afecta a muchas personas de todas las edades y clases sociales.

Espero que os guste y os de qué pensar.

Podría empezar esta historia contando el final de cada una de las personas que lo conforman.

Es primavera y en un piso de alquiler un niño no conoce más juego que el miedo de que su madre (dedicada en cuerpo y alma al alcohol y sus efectos), un día desaparezca para siempre y lo abandone por el contenido de una botella. Mientras el niño llora, en una reunión de empresa un alto cargo ajusta su corbata al tiempo que guarda en su cartera de piel un secreto que lo amenaza cada día con la vergüenza de ser descubierto, juzgado y humillado. No muy lejos de allí, en un pequeño bar de pueblo, un padre de familia -de una familia rota- acaba de perder su dignidad y su autoestima, una vez más, entre la blanca espuma de una jarra de cerveza. Y a horas de diferencia y miles de kilómetros de distancia, perdida en la fría bruma de un país lejano, una joven promesa  lucha por recuperar sus sueños diluidos en el fracaso y los cristales rotos de la que iba a ser la última copa de champán que tomara esa noche.

Unos ojos tristes. Los ojos del alcohólico.

Podría ser éste el final de la historia, pero es el principio.

 

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03 de abril de 2012

En el capítulo anterior de Crónicas de una casera…

“nunca, jamás, podréis imaginar lo que se esconde debajo de un pelo blanco, una sombra de ojos verde y un vestido de flores”.

Empiezo esta entrada definiendo dos conceptos básicos:

Rata: Son roedores de mediano tamaño que no sobrepasan los 300 g de peso y los 30 cm, más una cola de similar longitud. Las patas anteriores son cortas y con cuatro dedos (el pulgar, rudimentario) y las posteriores, más largas, con cinco dedos.

Gánster: criminal de carrera que en cierto momento se convierte casi invariablemente en miembro de una organización criminal violenta y persistente, lo que en inglés, se conoce como gang («pandilla»). La Cosa Nostra (las Cinco Familias) de Nueva York o los Outfit de Chicago, y delincuentes individuales como Al CaponeBugsy Siegel son buenos ejemplos (ver Wikipedia).

La combinación armoniosa de estas dos palabras nos trae a la mente la clara imagen de una rata con sombrero y una pistola del calibre 22, bebiendo whisky y jugando al poker mientras dice con voz ronca: “posso fare una domanda che non puoi rifiutare”. ¿Verdad?

Pues déjenme decirles que no, esta rata no sostiene nada, no lleva sombrero, ni habla italiano. A veces bebe whisky, pero sus problemas de alcoholismo son un tema delicado y personal para tratarlos en esta sección. Respetemos su intimidad.

Todo empezó el día que mi casera, esa dulce señora de naríz regordeta, decidió rechazar a su vecino (llamémosle Pepe), que es un hombre ya casado y con sus hijos. El buen señor intentó seducir a mi atractiva y no menos arrugada casera, día y noche, bajo las nubes, el sol y las estrellas… pero ésta, que es una mujer hecha y derecha, con elegancia rechazó al desdichado vecino una y otra vez. Ante la negativa, Pepe llamó a una rata gánster vengadora para calmar así la podredumbre y tormento que el desamor producía en sus más tiernas entrañas enamoradas de hombre cincuentón y barriga cervecera. Lanzó con delicadeza nuestra rata al patio de mi señora casera.

Básicamente, esto es lo que yo entendí cuando mi casera me lo contó el día que vino a dejarme sin efectivo en el monedero una vez más y a decirme que no iba a arreglar la ventana del salón. También me dijo que se deshizo de la rata dejándola una semana en la cocina y que en un intento por comer sardinas en lata, ésta (la rata, no la casera) le pegó un buen mordisco en el dedo pulgar del pie derecho y casi pilla el tétano (la casera, no la rata). Al final, mi casera comió sardinas y la rata sufrió un cólico, o al revés… no recuerdo muy bien.

 

Meses más tarde me enteré que realmente la rata no era gánster, sino un hámster.

Qué desilusión…

 

 

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05 de marzo de 2012

Debido a mi convaleciente estado, hoy escribo desde mi lecho…

(espero que no sea mi lecho de muerte).

¿Qué me pasa? …esta respuesta varía un poquito dependiendo de quién la conteste:

- Mi respuesta: los planetas se han alineado y el universo en su crueldad ha tramado un plan perfecto para robarme mi preciada salud. ¿Cómo? con una enfermedad infecciosa VIRAL del sistema respiratorio que me ha sumido en una debilidad extrema y me ha separado de la sociedad con el castigo del contagio a aquellas almas que intenten compadecerse de mi persona. Y para colmo, esta mala raza viene acompañada de una gama superultradiversa de síntomas (a cual de ellos peor) que me martirizan las 24 horas del día y me obligan a depender de la industria farmacéutica, robándome mi felicidad y con ella, mi esencia.

- Respuesta de mi madre: pues ná hija, que se ha resfriado un poquillo, pero vamos, cuatro mocos y fiebre de pollo. Eso como dice mi médico, un resfriado de 7 días con medicación, y de 8 sin medicación. Y como la niña nos ha salido medio hippie y no quiere tomarse el jarabe tan bueno que le tengo ahí pa’ la tós, pues se tira el día a base del bicho ese, el kéfir (que dice ella que eso es buenísimo, pero da un asquillo que no veas) y comiendo naranjas washingtonas en cantidades industriales. ¡Peor se pasa pariendo, y yo tuve mellizos!

- Respuesta de mi padre: ¿Qué le pasa dices? ¿Resfriada? ah… pues será, no se. Más enfermo estoy yo y no me quejo, estos niños de hoy en día son débiles… ya ves tú, estaba yo con 15 años trabajando en una fábrica de tejas, y con 18 en Soria, con 19 en los Pirineos y con 20 casado, con 21 ya era padre y con 24 llegaron los mellizos. Trabajando como un mulo.

- Respuesta de mi hermano Abraham: es una niñata… ¡Ardilla! que no se acerque a mí.

- Respuesta de mi hermano David: ¿Resfriada? dile que me preste su portátil.

- Respuesta de mi abuelo Alfonso: Ay, mi niña, mi lucero, ¡la nieta que más quiero! (es la única nieta que tiene) pobretica mía, dile que se venga pa’ ca’ conmigo pa’ que se ponga buena pronto…¡Lola! tráele miel a la niña, que es buena pa’ la garganta.

- Respuesta de mi abuela Lola: ¿Qué le duele la garganta? … ¡Prenda, a mi me duele el alma!

Saquen ustedes vuestras propias conclusiones. Si sobrevivo, volveré.

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02 de marzo de 2012

Hoy quiero contaros sobre mi casera.

Cuando “la conocí” no pude evitar soltar un: aw… ¡qué casera tan adorable!

Cuando LA CONOCÍ no pude evitar soltar un: ¡SOCORRO!

Era una bonita y calurosa tarde de junio de 2011, en aquella época, mi vida giraba en torno a lo que cualquier vida de un estudiante gira: LA BIBLIOTECA. Entre descanso y descanso, solía ir a Mercadona para deleitarme es su gran gama de productos pensados especialmente para mí y millones de personas más. ¿Es esto publicidad al supermercado? Qué importa, sólo digo la verdad.

En fin, cómo os iba contando… de camino a este supermercado, vi a un pequeño hobbit de pelo blanco pegando carteles de: “SE HARQUILA PISO A GUEN PRECIO”… llevaba sombra de ojos verde (muy verde) y un vestidito de florecillas, de esas que todas las abuelas llevaban cuando éramos niños, y nos decían: Lucero, merienda ya, que es tarde. Y con amor te daban ese trozo de pan recién comprado del panadero, con un trozo de chocolate tan duro, tan duro, que nunca sabías cuántos dientes perderías al final de la merienda. Todo ello acompañado de un buen vaso de leche fresquita <<Puleva>> que te dejaba un bigotazo blanco para el resto de la tarde. Cegada por los tiernos recuerdos infantiles, me aproximé cual mosquito a la luz aniquiladora y con una dulce voz dije:

- perdone, señora, ¿me podría decir qué piso alquila?

- si, claro, niña bonita… ven, ven… que te voy a cocinar, quiero decir, ahora te lo enseño.

Yo fui. Y al final, alquilé la cueva que la señora me ofreció, con el consuelo de que al menos la casera era una abuelita adorable… y con la esperanza de que de vez en cuando, hasta me regalaría galletas María o arroz con leche. Y una leche…

… nunca, jamás, podréis imaginar lo que se esconde debajo de un pelo blanco, una sombra de ojos verde y un vestido de flores.

 

¿Queréis saber más? …esperad al próximo capítulo!

(Fastidia un poquito, pero no me da tiempo de seguir escribiendo hoy, además, estoy resfriada).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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10 de diciembre de 2011

Cuando pensamos en la imagen estereotipada del sufrido estudiante universitario, lo menos que se nos puede venir a la cabeza es la triste figura de un muchacho desaliñado, un tanto zarapastroso que fríe un huevo frito (mal frito) en una cocina de un triste y oscuro piso ochentero alquilado donde la limpieza brilla, por su ausencia. Nada más lejos de la realidad.

Los huevos

Hoy quiero hablar de todos esos universitarios desaliñados y de su evolución a lo largo de los aproximadamente cuatro años que supuestamente dura su carrera (añádale dos más cómo mínimo y cuatro si al estudiante le gustaba demasiado la cerveza y lo que no es la cerveza).
Primer año: aquí llega tierno e inocente, y no por eso carente en muchas ocasiones de sucias expectativas, el pequeño futuro universitario desaliñado. Portador de su mochila Reebok que aún conserva de bachillerato, con restos de bolígrafo y rotulador permanente que un día fueron dedicatorias de antiguas novias y antiguas proyectos de novia que nunca lo serían. Le encanta combinar esos vaqueros con 50 lavados, junto a unas buenas deportivas y un polo, normalmente rojo, que le hace sentir carismático y parte del nuevo ambiente académico. Va a casa a visitar a los padres prácticamente todos los fines de semana y su madre le manda comida en tupperware.
Segundo año: la ternura y la inocencia se van transformando cuan capullo en mariposa. El estudiante universitario por primera vez experimenta la sensación de superioridad ante los ridículos nuevos pupilos de primero. Las primeras novatadas se llevan a cabo con orgullo y las celebraciones carecen de significado si su protagonista no es una rubia, ya sea Alhambra, Heiniken, o San Miguel, que… dónde va, triunfa. Empieza a ir a casa cada 15 días y el estudiante universitario en desarrollo, reivindica sus derechos, exigiendo a la madre menos tupperware y más dinero en la tarjeta de crédito a primeros de mes “pa el Mercadona”.
Tercer año: el famoso huevo frito se ha convertido en el mejor amigo del universitario desaliñado, y a pesar de las leyendas urbanas, no es cierto que pueda freírlo como es propio… sino que enmascara su orgullo dañado y ante la pregunta: ¿Sabes al menos freir un huevo?; el estudiante muy seguro de sí te contestará: Si, claro que se, pero a mí me gustan más los huevos revueltos. Mentira.
Cuarto año y los que siguen: el universitario deja de ser un pipiolo y pasa a ser todo un macho ibérico… hay quienes enfrentan el fracaso académico con humor y se convierten en sanguijuelas de los padres. Hay otros que experimentan eso que en Francia llaman “L’amour” y se vuelven chicos formales, que saben vestir bien, que huelen bien, que les encanta pasar tiempo con su chica y que saben freir huevos, con yema blandita “pa mojar pan y tó”. Quedan algunos otros, que se decantan por la etiqueta de “lobos solitarios” y trascurren así todo el resto de la etapa… quién sabe… a lo mejor su vida entera.

Para más información: adoptaaunestudiantedesaliñado.org (… naah… es broma).

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25 de octubre de 2011

Para empezar, me presento. Soy Nazareth, una estudiante universitaria que se considera afortunada por el simple hecho de vivir en una ciudad tan acogedora, internacional y mágica como Granada.

Si tenéis la oportunidad de venir y visitarla, no lo penséis dos veces… ¡sois bienvenidos!

Mi principal intención con este blog es que a lo largo de este año, poder compartir con vosotros algunas de las muchas anécdotas y reflexiones que atropellan mi vida como estudiante universitaria y como proyecto de persona adulta.

Muchos tendréis el privilegio de ser estudiantes universitarios; muchos otros lo recordaréis con cariño y posiblemente otros, todo esto os suene a cuento chino y meras exageraciones de una andaluza granaína con más imaginación que un saco de tebeos. No importa.

Aquí os presento el primer tema a tratar del año:

Estudiantes-basurero

Las calles de Septiembre en Granada se componen principalmente de tres cosas:

-          las primeras hojas del otoño

-          basura

-          estudiantes universitarios

Pienso que las tres son bastante útiles, sobretodo en Septiembre.

Como estudiante universitaria que soy puedo decir que me asombra la capacidad que muchos de los estudiantes tienen para crear utilidad de dónde otros sólo ven inutilidad, esta creatividad-basura es directamente dependiente a la cantidad monetaria en la tarjeta de crédito.

Unos números rojos hermosos y llamativos pueden incrementar al 1000% la creatividad de un estudiante desesperado que disponga de un hermoso montón de basura cerca de su casa o bien haya escuchado el rumor de que el vecino roña que alquila 3ºA ha decidido cambiar el mobiliario; que conservaba desde el año 1957, cuando un día de primavera tuvo la suerte de ganar en el cupón de la ONCE un buen pico, con el que terminó de pagar la letra del 4L rojo y con lo que sobró amueblo su humilde morada. Es ahí, justo en ese momento, cuando el estudiante basurero actúa.

Hay varias técnicas y tipos de estudiante-basurero:

-          Tribu urbana perro-flautera:

fueron los pioneros…este tipo siempre actúa en manada, suelen llevar una vestimenta concreta para este tipo de actuación, que se reduce, a llevar la misma que llevan el resto del año… una mezcla de ropa andrajosa con complementos de cuero y cuatro o cinco perros. Les gusta no peinarse y tocar los timbales. Cuando actúan se hacen notar, pueden transportar con facilidad desde un trozo de encimera de una cocina, a una señal de tráfico abandonada para usarla como mesa.

-          Principiante inexperto:

con mucho cuidado, el estudiante se aproxima al montón de inutilidad-útil y con una delicadeza extrema mira a un lado y otro para comprobar que nadie que sea medianamente atractivo y de su edad esté observando; tras la comprobación, examina cada pieza y coge justo lo necesario, que suele ser algún cuadro que otro.

Con disimulo y una velocidad extrema, sale de la escena.

-          ¡Osea, por favor, qué retro!:

este último tipo ha surgido hace no mucho tiempo, dicen que todo fue a raíz del movimiento Vintage de estos últimos años… básicamente lo componen aquellos que bajo ningún concepto confesarían que han tomado algo de la basura.

¿Cómo lo adornan? Pues bien, ahora os explico.

A la pregunta:

“Wow, tía, es super chic, ¿Dónde lo has comprado?

Este tipo de especímen contestaría:

“Pues tía, es muy fuerte, en una tienda SecondHand super cool de la High Society,

¿Sabes? Paris Hilton tiene uno exactamente igual en su loft”.

Y  bueno, poco más… aunque también cabe decir, que en Granada hay muchos otros tipos de estudiante, están los estudiantes IKEA, los estudiantes “vivo con mi tía Rita”, los que viven en una cueva en el Sacromonte, los famosos “ en casa de mis padres hasta los 40”, los Okupa…etc.

Os animo a poner un poco de atención al caminar por la calle e intentéis averiguar a qué tipo pertenece cada uno de los estudiantes…

Las hojas de otoño siempre sirven de inspiración.

¡Buena semana!

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